sábado, 17 de noviembre de 2007

Las ropas nuevas de los viejos conquistadores


“Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio, conscientes de recibir el premio en la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte.”Ernesto Che Guevara.El socialismo y el hombre nuevo en Cuba. Marzo 1965.

¿Cuántas veces se ha tratado de matar a este hombre que sintetiza, más que una persona, un ideal? ¿Cuántas veces se ha tratado de poner la figura del Che Guevara y lo que representa en el fugaz escaparate de las modas que visten para la ocasión y no desvisten la mediocridad?
Una leyenda que se pierde en los rincones que abundan en el latido moreno de las tierras de este continente, cuenta que los dioses plantaron acá el mañana; que el mundo estaba cabal y no había Mandón ni mandado; que el sol despertaba y descansaba en las montañas que bordan las orillas de la casa grande de los hombres y mujeres de maíz; que la noche era el tiempo para el brillo de la otra luz que nacía de las pieles que, encontrándose, parían mundos enteros en todos los rincones; que la madrugada era el espacio para guardar las maravillas que ahora son manchadas con la palabra “imposible”; que entonces las sombras estaban sembradas así nomás, vestidas en veces de árbol, piedra, nube, palabra, esperando la luz que les diera vida y paso.
Y cuentan que fue dada la riqueza hecha tierra, agua, aire, vida, y que fueron dados también los Guardianes para que para todos y todas fuera, para que no muriera.
Cuentan también que, después de invadidas y conquistadas estas tierras por el dinero hecho dios y ejército, cuando el europeo Américo Vespucio dibujó el mapa del continente que llevaría su nombre, estaba pensando no en la cartografía de un mundo nuevo, sino en el mapa de un tesoro.
Y sobre el tesoro se arrojó la jauría con ropas de sotana y armadura. Se destruyó y se saqueó. La tierra, la Madre, adolorida, ordenó a sus Guardianes la resistencia y el paciente alivio, que no la cura, de la cobija de la lengua, el vestido, el canto, el baile, la cultura.
En las naguas y las trenzas de las mujeres, en los dobleces de la piel de los más mayores, en el asombro de los niños, en la digna rebeldía de sus hombres y mujeres, fueron guardados los recuerdos, pero no de lo que fue, sino de lo que será.
Bajo estos cielos ondearon las banderas usurpadoras de las monarquías española, portuguesa, holandesa, británica, francesa, siempre la del dinero; y los saqueadores tenían cartas de gobiernos que, decían, se preocupaban por “civilizarnos”.
No deja de ser paradójico que algunas de esas naciones sigan, más de 500 años después, manteniendo a familias reales sin más mérito que un árbol genealógico cultivado con crímenes, intrigas y guerras; y que ellas se autodenominen “modernas” y “civilizadas”, mientras que los pueblos indios sean los “retrasados”.
La tierra, la Madre, brindó entonces su alimento de dignidad rebelde a otros colores y, como fragmentos de un espejo roto, la lucha tomó desde entonces la ropa del obrero, del campesino, del empleado, del otro amor, de la juventud, de la mujer, de la sabiduría que no se vende por comodidad o moda.
La resistencia floreció, florece.
Pero nosotros sabemos que la tierra, la Madre, sabe que aquí hay alguien que luchará por darle el mañana que en su seno guarda, alguien que confeccionará la ropa que nadie habrá de portar cuando se enfrente al cíclope del Poder, alguien que labrará al fin el otro calendario en otra geografía, uno en el que todo sea renombrado de nuevo, y la luz y la sombra recuerden que ambos son la parte de verdad que toda leyenda guarda.
Muchas gracias.

Subcomandante Insurgente Marcos.

Muchas gracias Subcomandante Mariano Villanueva por acercarnos este discuro de Marcos, por colaborar en forma activa con el Postmisticismo. Desde aquí abrazamos la revolución del nuevo hombre!