martes, 6 de septiembre de 2011

Nuevos gemidos para el show







No fue el show mejor organizado en comparación con anteriores. Ahora bien, tengamos en cuenta el contexto, entendamos que se trata de una producción independiente, la cual debe contener a las miles de almas que se acercan al lugar elegido. Sí, me sentí más a gusto con la organización en Tandil, pero valoro que se busquen nuevos espacios para las misas, aún cuando esta vez la apuesta no haya salido del todo bien.


Indio despierta la pasión y admiración de muchos, la envidia de pocos y la indiferencia de casi nadie. Como todo gran artista popular, se le buscan contradicciones hasta en los colores de las camisas que usa. A veces, un gran ejercicio puede ser olvidarse por un rato de quien estamos criticando y ver que es lo que hay. Por ejemplo: ¿Cuántos artistas de la talla del Indio quedan en el país? ¿Cuántos siguen produciendo una obra de alta calidad como la que nos ofreció Solari en su último disco?


A las sensaciones más íntimas no las eclipsan problemas de sonido, ni las largas caminatas hasta llegar al estadio. Cualquiera de los que somos habitúes de estas fiestas, sabemos que son cuestiones a las que podemos estar expuestos. Sería ingenuo de nuestra parte esperar las comodidades que puede tener un show en River organizado por algunas de las grandes productoras que oligopolizan el negocio de los recitales. Esto no quita que, seguramente, se habrá tomado nota de los errores y se corregirán para la próxima, que ojalá sea en Tandil, tal como se rumorea.


Cuando escucho los clásicos versionados por los fundamentalistas me da la sensación de escuchar a los redondos con sonido del futuro, sigloveintiunizado. De los temas nuevos el que mejor sonó fue Ceremonia durante la Tormenta, que es un temazo. Con respecto a la lista de canciones coincido con los muchachos de Mundo Redondo, me hubiese gustado alguna sorpresita más, alguna joya de los inéditos como se hizo en su momento con El regreso de Mao.


El pueblo ricotero volvió a dar cuenta de su madurez y se portó muy bien. No se vieron bengalas, ni siquiera con el mítico Juguetes Perdidos. Estoy convencido de que, además de la madurez del público, influye mucho la situación del país, ya no estamos en los 90 donde un recital de los redondos era la excusa perfecta para descargar tanta rabia y bronca contenida, producto de un modelo económico político y social que no paraba de excluir personas, de generar pobreza y de quebrar ilusiones. Ya lo dijo Indio antes de cantar ese himno a la nostalgia del viajero que es To beef or not to beef: "¿Vieron que había que quedarse aquí? No están bien las cosas en el resto del mundo".