miércoles, 8 de septiembre de 2010

Legado


Al ver esta especie de homenaje que me rinden algunos que supieron odiarme, se despiertan en mí las fantasías que creía adormecidas para siempre, o peor aún, sepultadas bajo tierra en algún rincón de mi cerebro.
Mi voluntad de dominio dio sus merecidos frutos. Han quedado atrás las lluvias de una época gris, oscura; un tiempo en el que mis detractores se hicieron un banquete con mis errores y contradicciones. Lamento que muchos de ellos estén muertos, daría lo que fuera por que atestiguaran su derrota, patética y final.
Siempre creí en el valor de mis elecciones, en mi autonomía frente a lo que aquellos titulaban “destino”. Tenía la certeza que de que eso, el destino, no era más que un muro mental imaginario que debía traspasar con la tenaz voluntad de mi conciencia.
Vivir en un constante estado de aventura fue crucial para llegar hasta este día de júbilo esperado. Jugar el juego de vivir siendo consciente de que siempre se está a punto de perderlo todo, sabiendo que basta un instante de fugaz infortunio para eliminar la más dulce de las rachas. Sólo así pude encantarme a través del viaje entre variados estados de ánimo, los cuáles tenían en común un mismo grado de alta intensidad, como si se tratara de un “nirvana existencial”. Quizás esa haya sido la expresión del arte que mejor dominé, en la nunca dejé de incursionar, trayendo a mi vida - de contrabando -  experiencias que, a priori, no me pertenecían según el coro de los ilustres que vivían convencidos de la idea de que todo lo sabían, creyéndose propietarios de una triste inmunidad a la sorpresa.
Por la noche fui tejiendo mis modestas reivindicaciones, parciales victorias que me fueron transformando en un adicto a las pulsiones creativas que permanecen escondidas en rincones de nocturnidad.
Parece que ya es hora de comenzar, de subirme y hacerme, al fin, dueño del escenario, de compartir lo poco (pero valioso) que pude aprender durante estas décadas de vida. Supongo que ya alcancé el futuro, que a partir de ahora solo me restará gozar un continuo y dichoso presente.
Hoy, sigo negando la idea de destino, sin embargo, creo posible que exista algo muy parecido a la Justicia.

2 comentarios:

Ricardo dijo...

Me sumo al postmisticismo.
Bárbaro el blog. Me gusta mucho el estilo.

Los sigo.
¡Salud!

Martín Espinosa dijo...

Gracias Ricardo,
Bienvenido a bordo!