miércoles, 26 de mayo de 2010

Apología del festejo


"En muchedumbres cada vez mayores va rodando de un lugar a otro el evangelio de la armonía de los mundos: cantando y bailando manifiéstase el ser humano como miembro de una comunidad superior, más ideal: ha desaprendido a andar y a hablar. Más aún: se siente mágicamente transformado, y en realidad se ha convertido en otra cosa."

Friedrich Nietzsche


El mero hecho de celebrar vale por si mismo. Si a eso le sumamos algunos motivos, nos sobran las excusas para entregarnos al goce dionisíaco. Alzo mi copa y recuerdo, feliz, que el timón de mi patria (palabra que no hay que regalar al diccionario facho) no está en manos de aquellos cipayos que proclaman que estábamos mejor hace cien años: con matanzas del desierto, trágicas semanas asesinas, estado de sitio y ausencia de los más básicos derechos sociales.
Descorcho un señor chamapagne para brindar por el merecido reconocimiento al prócer argentino del siglo XX ...¡a tu salud Comandante!
Otro brindis por el desnudo del absurdo, por el fracaso de la planificación de la tristeza por parte de los profetas del odio que decían que ahora dicen que el país se crispa y se derrumba. Ellos fracasaron. Triunfó la alegría jauretcheana.
Los verdaderos dueños, originarios, de esta tierra, se suman a la fiesta y a la historia que se empieza a escribir menos injusta.
Y ella que también baila desde el palco, un ritmo que no sabe de elites ni diferencias. No tengo dudas, si el hecho maldito fuera un baile, sería murga.