viernes, 25 de febrero de 2011

Instantes

De vez en cuando aparecen instantes a los que, si fueran visibles, les sacaría una foto. La enmarcaría y la foto se transformaría en un cuadro, en uno de los tantos que tendría colgado en el pasillo del hastío. Los cuadros sería entonces amuletos, equilibristas suicidas a los que el recuerdo no oxidaría. Pero los instantes no se dejan fotografiar, se escurren entre los sentidos, casi siempre sin dejar huellas, y cuando dejan alguna es tan efímera como una pisada en la arena. A veces se dejan enjaular en mi cerebro, pero enseguida los invade un ejército de trivialidades sedientas de singularidad y entonces arrasan con ellos, los devoran sin piedad. Pareciera que estos instantes estuvieran hechos de un material desconocido, de una sustancia no compatible con las posibilidades de la experiencia humana, pero cierta anomalía permite que accidentalmente se crucen con nuestras conciencias en una considerable muestra de generosidad por parte del azar. Tuve la particular suerte de cruzarme con varios, sin depender demasiado de factores externos, lo prueba el hecho de haberlos captado tanto en la orilla de un río como en algún rincón de una gris oficina de empresa. Alguno podría razonar que su independencia externa supone una chance para generarlos intencionalmente desde la propia subjetividad. Grave error, su independencia es total y absoluta. Como máximo uno podría aspirar a coincidir en el tiempo y lugar en los que el instante se digne a aparecer, pero no hay parámetros a los que aferrarse, excepto algo tan abstracto y peligroso como la intuición, que siempre puede mandarse una broma pesada .Por si le sirviera a alguien de consejo, yo logré tomar el control en todo este embrollo acerca de los instantes cuando terminé de asimilar que es imposible controlarlos.


1 comentario:

Rochitas dijo...

no sabe la cantidad de veces que de modo recurrente pensé en esta posibilidad. Un modo de perpetuar ese instante en la eternidad y que sirva de aval...para la tormenta o la desazón.