jueves, 21 de octubre de 2010

Si el modelo fuera Tosco


Cuántas cosas serían distintas si el modelo de dirigente gremial fuera Agustín Tosco. Ayer y hoy. No hubiese existido la posibilidad de entreguismo que hubo en la década del 90. La idea de un sindicalista empresario sería ficción, un oxímoron irrisorio. Sería imposible la viabilidad de cualquier operación político-mediática que buscara ensuciar al sindicalismo en sí, en tanto factor de poder equiparador del poder avasallador del capital, porque sería imposible que encontrara asidero en el receptor, en "la gente", porque el imaginario cultural dominante sobre el gremialista sería el de un dirigente coherente, incorruptible. No estaríamos lamentando el asesinato de un joven militante que luchaba por trabajadores explotados, a manos de cobardes, que responden a tipos que simbolizan la antítesis de lo que era Agustín Tosco.
Claro que es un tanto utópico pensar que un modelo incorruptible pueda emerger de una sociedad que tiene mucho de corrupta y miserable en su ADN. Pero estamos entregados si no podemos soñar con un cambio de paradigma tan urgentemente necesario.

Mejor que hable Tosco, que el Gringo declare sus principios, y que nos duela la vigencia de algunas cosas que denuncia:

"Por ser un dirigente gremial que responde con la máxima sinceridad y autenticidad al mandato de las bases obreras.
Porque no acudí a mi gremio ni a la CGT a sentarme a calentar sillones, sino que en cuanta asamblea o reunión de trabajadores se hizo, fui con el único nivel que tengo, el de trabajador, a elevar la solidaridad, el apoyo, el estímulo del movimiento obrero a las reivindicaciones y a la acción o la lucha aprobada en cada oportunidad.
Porque jamás hice de cómodo intermediario entre las patronales o el Estado y los trabajadores, arrimando fórmulas de terceros, sino que asumí mi parte obrera sin ningún tipo de componendas ni claudicaciones.
Porque en cada conflicto no me limité a hablar de las estrechas responsabilidades de un patrón o de un funcionario, sino de las amplias e ineludibles responsabilidades presentes e históricas del régimen y del sistema.
Porque cada vez que los trabajadores salieron a la calle no busqué la impunidad de una oficina sino que marché al frente de los mismos.
Porque cuando sufrí persecución y cárcel, amenazas y allanamientos, no corrí a refugiarme bajo el amparo oficial sino que formulé las denuncias, afronté los riesgos y soporté presión, manteniendo mi integridad de espíritu.
Porque cuando los participacionistas de Luz y Fuerza de Buenos Aires sancionaron con la suspensión injusta y arbitraria a mi gremio los desenmascaré ante el país como apéndices del sindicalismo amarillo y cómplices de la penetración del imperialismo yanqui en Argentina.
Porque siempre viví de mi trabajo o de la sagrada solidaridad de mis compañeros cuando estoy preso, y siempre repudié a los profesionales del sindicalismo, muchos enriquecidos con el sudor y las lágrimas de sus propios hermanos de clase.
Porque proclamo, porque trabajo y porque lucho para cambiar el sistema.
Porque denuncio a esa minoría que vive en la holganza, sentada sobre una montaña de privilegios, de poder y de placeres, mientras hay millones que sólo pueden subsistir en un abismo de miseria, explotación, de sacrificio, padeciendo las más negras necesidades nunca satisfechas.
Por todo eso dice Lanusse que soy un perturbador del orden y la paz social"


(Respuesta desde la cárcel al presidente de facto, Gral. Lanusse, quién había afirmado que en el país no existían presos políticos sino "perturbadores del orden y la paz social")


Si el modelo fuera Tosco viviríamos, sin dudas, en una sociedad más justa.


3 comentarios:

Roca genocida dijo...

Coincido totalmente, es más, el tiempo de que dispongo no me dejo postear algo así.
Gracias por recordar a Tosco en estos días que tanto se lo necesita.

Martín Espinosa dijo...

Si, creo que es necesario volver a personas como Tosco, como Cooke...en estos tiempos un tanto confusos, en donde a veces la coyuntura hace olvidar algunos ideales por los que no tenemos que dejar de luchar.

Gracias por pasar.
Saludos.

Santiago dijo...

Más que oportuno el recuerdo. Lamentablemente, el modelo es Vandor, o un Vandor todavía más burdo.

Saludos.