sábado, 7 de junio de 2008

Un fruto para Félix


Félix lo buscaba hace rato, sus padres le señalaban malezas y miserias, pero a el poco le importaba.
Eran tiempos verde oscuro, época de grises mandatos y no se cuantas prohibiciones. La lógica, contraindicando negro más que blanco, no estaba a su favor. Pero el anpa de Félix podía más, infinitamente más.

Un carruaje multicolor, de cuatro ruedas y con pelilarga tripulación, le alcanzaría y sobraría para llegar a ese destino (del que no hay registros).
En el bosque escondido residía aquel fruto bendito y maldito, prohibido por los siglos de los siglos, proscripto por todos los poderes terrenales.

Y el 21 de septiembre, de aquel convulsionado 1980, fue el gran día. Hacia al escondido bosque fue Félix con los suyos, gambeteando mandatos y ordenanzas. La libertad en el viento y el dulce fruto entre sus manos, el premio de la vida había llegado.
Dicen los que saben: “Ese día, a los 33 años, nació Felix”.

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