sábado, 9 de febrero de 2008

Amanecer

El amanecer besa la bahía. Allí descansa un barco. Sobre el mar arde fuego de soledad; y sus llamas encienden el cielo.
El presente ancló al barco que sueña con nunca haber vivido, sueña con quemar en ese mar aquellas emociones.
El tiempo dibuja las nubes intentando ocultar el sol que ilumina con su luz al jardín de la distancia. Las estrellas se esconden bajo una inmensa águila que lleva en su boca una serpiente(1). En su pecho viaja una puerta que invita a entrar.
¿Qué sentirá el barco mientras duerme? ¿Alegría? ¿Tal vez recuerde al olvido? ¿O a un pasado que regresa por un instante de eternidad? ¿Será dolor? Sólo él lo sabe.
El barco ha vivido algunos momentos de más, sus pensamientos son un grito de dolor que aúlla desde su alma. Su mirada se llena de mañanas, de nuevos puertos, desea seguir al águila que aún sostiene en su boca a la serpiente.
La magia del recuerdo hace desaparecer el dolor del barco, que intenta no hundirse en su memoria. Descansa sin sueño, con ansias de soñar, de que su alma vuelva a cantar un atardecer cualquiera, que los puertos oigan su canto y que su corazón vuelva a tocar la melodía.
Su futuro dispara al cielo con furia, despertando tempestades. Las risas de los días aturden su pensar. Los ojos de la tierra estallan en llanto al no poder quitarse el puñal del fracaso.
El aire ha olvidado al viento y así las hojas no logran moverse, y gritan con desesperación: ¡La vida es el invento de un dios sádico y despiadado! Pero el alma del barco no las oye y continúa intentando iniciar su viaje.
El amor enciende la luz de la proa y exclama: ¡Desembarcamos! ¡Partimos!.


1. Animales que representan la valentía y la inteligencia respectivamente.