domingo, 23 de octubre de 2011

No te des por vencido ni aun vencido


2011
 
¡Avanti!

                                         Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.
Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentasse formaron los santos y las santas.
Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura,
y en cualquier infeliz se me figura
que se mellan los garfios de la suerte...
¡Todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de su muerte!

¡Piu Avanti!

No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora...
Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!
 

 2010

 2009

 2008

Hoy Cristina lo dijo muy claro: la fuerza de la voluntad y las convicciones.Con eso, todo es posible. No hay mucho más secreto que ese. Esta noche siento un inmenso orgullo por haber formado parte de aquella "minoría intensa" que resistió el poder de fuego las corporaciones mediáticas, que se animó a decir lo que pensaba cuando insinuarse kirchnerista era un crimen moral y te valía peleas con familiares, amigos, conocidos y hasta con una vieja en la cola de un supermercado.

Hoy nos toca a nosotros. 

Hoy soy demasiado optimista. Empiezo a creer que en este país no siempre ganan los hijos de puta.


viernes, 16 de septiembre de 2011

Sartre: El existencialismo es un humanismo




Estamos condenados a ser libres. Esta frase de Sartre condensa muchos de los conceptos vertidos en “El existencialismo es un humanismo”, una conferencia surgida por la  motivación de defender su doctrina filosófica (el existencialismo), de las críticas de  principalmente dos sectores: el marxismo y el cristianismo.
¿Por qué estamos condenados a ser libres? Básicamente porque el hombre es libertad, si bien es la suma de todos sus actos individuales hasta el momento; también es proyecto, está siempre por hacerse, abierto a sus posibles. Para una mejor comprensión de este punto es útil acudir a la máxima del existencialismo: La existencia precede a la esencia, la cual quiere decir que no hay un “molde” preexistente al que el hombre debe ajustarse, por el contrario, la esencia se elige en cada acto, la esencia no es algo que está dado sino que es algo que el hombre se da a si mismo a través de la elección. De aquí  también se desprende el motivo por el cual ningún hombre pueda juzgar al otro: no hay un molde patrón de hombre con el que sea posible comparar y, posteriormente, juzgar. 
Una de las críticas que se le plantearon a Sartre fue que el existencialismo conducía al quietismo, producido por la desesperación (producto de  la ausencia de una naturaleza humana a la que atenerse). Pero el existencialismo busca lo contrario, se trata de un llamado a la acción, siendo cada hombre lo que él hace y  siendo, a través del acto libre, el responsable ético de su existencia. Es que en el existencialismo no encontraremos una moral que establezca a priori lo que debe hacerse, será el hombre quien elija su propia moral.
Otro de los planteos que se le hace a Sartre es que el existencialismo parte de la subjetividad pura, del cogito cartesiano, lo que no hace posible captar a los hombres que se encuentra fuera del yo.  Sartre responderá a esta objeción a través de un cogito reformulado, en donde doy cuenta de mi existencia a través del otro. Aquí, a diferencia de  lo que ocurre en el  yo pienso cartesiano, no es posible un yo sin un tú. El otro es condición necesaria de mi existencia. En este mundo, que Sartre llamará la intersubjetividad, el hombre, al decidir lo que es, decidirá también lo que son los otros.
El  hombre es libertad, por lo que no podrá querer otra cosa que su libertad, y al luchar por ella también lo estará haciendo por la dignidad y el concepto de hombre. Entonces, si como hombre, busco y  quiero mi libertad, no puedo sino querer y buscar también la libertad del Otro. 

martes, 6 de septiembre de 2011

Nuevos gemidos para el show







No fue el show mejor organizado en comparación con anteriores. Ahora bien, tengamos en cuenta el contexto, entendamos que se trata de una producción independiente, la cual debe contener a las miles de almas que se acercan al lugar elegido. Sí, me sentí más a gusto con la organización en Tandil, pero valoro que se busquen nuevos espacios para las misas, aún cuando esta vez la apuesta no haya salido del todo bien.


Indio despierta la pasión y admiración de muchos, la envidia de pocos y la indiferencia de casi nadie. Como todo gran artista popular, se le buscan contradicciones hasta en los colores de las camisas que usa. A veces, un gran ejercicio puede ser olvidarse por un rato de quien estamos criticando y ver que es lo que hay. Por ejemplo: ¿Cuántos artistas de la talla del Indio quedan en el país? ¿Cuántos siguen produciendo una obra de alta calidad como la que nos ofreció Solari en su último disco?


A las sensaciones más íntimas no las eclipsan problemas de sonido, ni las largas caminatas hasta llegar al estadio. Cualquiera de los que somos habitúes de estas fiestas, sabemos que son cuestiones a las que podemos estar expuestos. Sería ingenuo de nuestra parte esperar las comodidades que puede tener un show en River organizado por algunas de las grandes productoras que oligopolizan el negocio de los recitales. Esto no quita que, seguramente, se habrá tomado nota de los errores y se corregirán para la próxima, que ojalá sea en Tandil, tal como se rumorea.


Cuando escucho los clásicos versionados por los fundamentalistas me da la sensación de escuchar a los redondos con sonido del futuro, sigloveintiunizado. De los temas nuevos el que mejor sonó fue Ceremonia durante la Tormenta, que es un temazo. Con respecto a la lista de canciones coincido con los muchachos de Mundo Redondo, me hubiese gustado alguna sorpresita más, alguna joya de los inéditos como se hizo en su momento con El regreso de Mao.


El pueblo ricotero volvió a dar cuenta de su madurez y se portó muy bien. No se vieron bengalas, ni siquiera con el mítico Juguetes Perdidos. Estoy convencido de que, además de la madurez del público, influye mucho la situación del país, ya no estamos en los 90 donde un recital de los redondos era la excusa perfecta para descargar tanta rabia y bronca contenida, producto de un modelo económico político y social que no paraba de excluir personas, de generar pobreza y de quebrar ilusiones. Ya lo dijo Indio antes de cantar ese himno a la nostalgia del viajero que es To beef or not to beef: "¿Vieron que había que quedarse aquí? No están bien las cosas en el resto del mundo".



sábado, 27 de agosto de 2011

No hagamos boludeces


No hagamos boludeces. Cuidemos, atesoremos uno de los últimos refugios que le quedan a nuestras almas, tan globalizadamente banalizadas.

No hagamos boludeces. Vamos a entregarnos a la embriaguez de una fiesta única, hagamos que dure el mayor tiempo posible, no aceleremos una despedida que apuñalaría corazones.

No hagamos boludeces. Ahí, en ese instante, en esa combinación de coordenadas espaciales y temporales, somos hermanos, auténticamente hermanos. Cuidémonos entre todos.

No hagamos boludeces. Una multitud se compone de la suma de individuos, si cada individuo se hace cargo de lo que le toca, si cada uno se hace responsable de sus actos, la multitud no se equivoca jamás.

No hagamos boludeces. Nos lo pide alguien que lleva muchos años regalándonos pura magia en momentos suspendidos en el tiempo, haciéndonos sentir jodidamente vivos. ¿Podremos ser tan pelotudos como para defraudarlo?

No hagamos boludeces. Dale, vamos a celebrar sin un puto incidente. Por el Indio, por Nosotros, por la Magia.


viernes, 19 de agosto de 2011

Un lugar

Me bajo, desesperado, del bondi que al fin me lleva a ese lugar del que me separaban kilómetros, millas, dólares, pesos, obligaciones, fronteras, pasaportes, pasajes, años, meses, semanas, promesas, personas, relaciones, tristezas, alegrías, temores, perezas. Hasta hoy. El sol me recibe con sus caricias de invierno cálido, vanidoso y mentiroso. Pienso, por un instante, en el desperdicio de vegetar en el país de los domingos grises. Luego, simplemente dejo de pensar. Descubro entonces que mi cara es capaz de escuchar al viento. Mis manos sueltas, desprejuiciadas, sucias y limpias, purificadas por la sal, dejan escapar un puñado de arena blanca. Tomo la decisión de hundirme en el gran abismo color turquesa. Soy una nada que nada en el todo hasta fundirse en una especie de absoluto. Salgo por un rato. Llegan acordes del este, alegres, latinos, los seguiría, pero son ellos quienes me siguen. Se me ocurre que, en este preciso instante, yo sería un un plato codiciado por cualquier caníbal que se precie de tal, estoy saborizado por una atmósfera desmesuradamente alegre. El hecho de devorarme ameritaría descorchar un vino de antiguas y memorables cosechas.
Mi espalda se desploma en los relieves que ofrece la primera de una serie de palmeras dispuestas en perfecta geometría. Me entrego por completo a la belleza. No espero nada, lo tengo todo.

viernes, 15 de julio de 2011

Globos sí, libros no




Después de la elección porteña me queda la siguiente sensación que elijo formular en forma de hipótesis: la caracterización, realizada por la derecha, del peronismo como barbarie, ha muerto. El 10 de julio de 2011, luego de estar convaleciente durante varios años. Fue enterrada junto al gorilismo culto y refinado que supieron cultivar personajes como Borges y Bioy Casares. Lo extraño del caso es que dicha caracterización murió para nacer, ahora en sus entrañas, en el mismísimo ser de la derecha. Con un bigote postizo de Freddie Mercury bajo el brazo. La barbarie se mudó de barrio, se fue a vivir a Recoleta. A partir del 10 de julio del 2011 la derecha jamás podrá volver a acusar a los movimientos populares de grasas e ignorantes. Nunca más. Su símbolo, su gran esperanza blanca, es un tipo que ni siquiera sabe con exactitud cuestiones que se enseñan en la escuela primaria, como por ejemplo lo que se festeja en las fechas patrias. Como bien dijo Lucas Carrasco en este excelente post, les da vergüenza su candidato.

Esto no es un juicio de valor con respecto de aquel que votó a Mauricio convencido de que es lo mejor para la totalidad de los ciudadanos porteños, o de aquel “apolítico” que lo votó sin fundamento alguno (todo bien capo, ya vas a cambiar y a interesarte un poco más en la política, lamentablemente eso solo sucederá cuando te sientas fornicado).

A quienes si va dirigido esto es a quienes representan el antiperonismo furioso, ahora bajo la modalidad histórica anti-K. A aquellos que siempre se vanagloriaron de tener a la Cultura de su lado, de ser la Civilización, la Razón. A las pobres y desdichadas almas que suponen ignorantes a quienes eligen a una mujer que puede estar hablando, sin leer, más de dos horas en foros internacionales sin perder el hilo de lo que está exponiendo. Estimo que Macri no llegaría ni a los diez minutos. Va para ustedes, señoras y señores, sepan que entregaron su (supuesta) esencia en pos de un resultado electoral local, por lo que ni me quiero imaginar lo que serán capaces de entregar en Octubre, ¿llegarán al punto de votarlo a Duhalde? Imagino a alguno de ustedes teniendo que meter en la urna la boleta del “Cabezón” y no puedo evitar estallar a carcajadas.

Gorilismo culto, que en paz descanses. Barbarie fashion, vos sos bienvenida.





domingo, 10 de julio de 2011

Soledad





Me tentaba demasiado la última gran obra del exitoso pintor francés Jean Paul Dubois. Tanto como para cometer una locura, lo suficiente como para embarcarme en un acto que desbordara irracionalidad. Esa pintura había sacudido mi interior. Quizás se tratara de algo tan simple como un capricho, pero no por simple dejaba de ser una sensación conmovedora. Lo supe desde el día en que me llegó la muestra al museo: esa pintura debía ser mía. Dubois, aunque no lo supiera, había pintado aquello exclusivamente para mí.
Toqué a los contactos adecuados e hice las averiguaciones correspondientes, la pintura salía veinte mil euros. Exactamente el doble que los ahorros de toda mi vida. Me vino a la mente la posibilidad de sacar un crédito, había que tener en cuenta que hacía veinte años que trabajaba en el museo en relación de dependencia  y mi historial financiero gozaba de una pulcritud absoluta. El banco me lo tendría que otorgar sin dudarlo.
Le comenté la idea del préstamo a Mirtha, mi mujer. Todo le pareció una insensatez, propia de un desquiciado mental. Le contesté que tenía razón en todo, que me había dejado llevar por sensaciones sin sentido alguno. Eso le dije a ella. A mi me dije que conseguiría esa pintura sin importar lo que opinara mi mujer, el vecino, el presidente o el mismísimo Dios en persona.
“Soledad”, ese era el nombre que había elegido Dubois para su obra más lograda, definitivamente la más bella e intensa que pudiera pintar en toda su vida artisitica. En el lienzo se ve una mujer sentada sola, encorvada y con la cabeza un tanto gacha, el ambiente envuelto en penumbras pero con una infinidad de detalles que igualmente pueden observarse, como el deterioro de los muebles, las botellas vacías que aparecen desparramadas por el piso...pero lo que me atraía de manera poderosa era la mirada de aquella mujer, sus ojos tan apagados, al igual que todo el ambiente que la rodea. Cada detalle, pero en especial ese, me transmitía una desolación absoluta. Aquí, Dubois ha llegado al punto más alto que puede aspirar un artista: cuando una obra despierta sensaciones profundamente viscerales, sin mediar racionalidad alguna. En aquel momento reflexioné que si, al carácter conmovedor de la obra, le agregaba la locura que estaba por cometer para conseguirla, resultaría todo doblemente conmovedor.
Tenía diez mil euros, la pintura salía veinte mil. Disponía de  muy poco tiempo para conseguir el resto del dinero si es que no quería que nadie se me adelantara en la compra de “Soledad”. Mientras caminaba por la calle en busca de respuestas me alcanzó una idea de la ya no me pude escapar. Podía doblar el dinero que tenía en una sola noche. Rojo o negro, par o impar. No tenía dudas de que el generoso dios del azar iba a estar de mi lado, es que no creía que jamás nadie hubiese apostado por un fin tan noble ¿o acaso existe algo más noble que el arte?
Mis números predilectos siempre fueron impares, por lo que decidí apostar todo a la chance impar. Todos los presentes quedaron azorados cuando coloqué semejante cantidad de fichas doradas en el paño. No era para menos, mi atuendo de pobre tipo no se correspondía con que estuviera en la mesa vip del casino y menos con que apostara tal cantidad de dinero. En ese momento Mirtha tenía la certeza de que yo estaba cenando con compañeros del trabajo. Que estúpida, pensé, como podía ser tan insensible con respecto a una obra de arte de tal magnitud. En eso pensaba mientras giraba la bola en la ruleta, hasta que se detuvo y ya no pensé más. Salió el 19. De repente yo, el insignificante hombrecillo que trabajaba en el museo, era el heróe de la noche en el casino. Invité unos tragos al resto de las personas que compartían la mesa, dejé unas fichas de propina al croupier y me retiré de inmediato a cobrar el dinero. Guardé los fajos de billetes en mi viejo maletín  negro y tomé un taxi en la puerta del casino. El chofer me preguntaba como me había ido y yo contestaba con evasivas y generalidades para que me dejara tranquilo. A veces se ponía demasiado cargoso con sus preguntas. Intuí, por la tonalidad de sus palabras, que el hombre había estado bebiendo y que entonces esa era la causa de su insoportablidad. Ibamos por Avenida Independencia, cruzando la avenida Entre Ríos, cuando me contaba de un supuesto amigo suyo que había descubierto la fórmula para ganar la quiniela. Ese es el último recuerdo que tengo de aquella noche. Un colectivo que venía por la avenida Entre Ríos embistió de lleno al taxi. Supe un tiempo después que el taxista murió en el acto. Yo me salvé de milagro, pero al costo de no volver a caminar jamás. El maletín desapareció, la policía jamás supo explicarme como fue eso posible.
Finalmente, la pintura terminó siendo adquirida por un millonario español, accionista de la cadena de tiendas “El corte inglés”. Supongo que la pintura irá a parar a su vasta colección, siendo simplemente una más entre tantas. Mirtha me abandonó y se fue a vivir a la casa de sus ancianos padres. 
Escribo y recuerdo estos sucesos en un estado de desolación absoluta, mis ojos están tan apagados como todo lo que me rodea. En breves instantes dejaré de existir. 


domingo, 29 de mayo de 2011

Dudas y certeza

Un despertar nace del letargo
para que haya algo tuvo que haber nada
es así que aparece una certeza
que deambula entre las dudas
las inquieta,
les pregunta,
las acosa.

Las dudas dudan de sus dudas,
resisten
interrogan obstinadas
la certeza quiere todo para ella,
entran en la guerra
silenciosa
que duele, que molesta
demasiado larga mientras dura.

Pero hoy
parece que pactaron,
llegó  la hora de la tregua
dos antagonismos conviven armoniosos
prometió la certeza terminar con sus ataques
la duda entonces retrocede,
se repliega  
ya no invade.

lunes, 23 de mayo de 2011

viernes, 25 de febrero de 2011

Instantes

De vez en cuando aparecen instantes a los que, si fueran visibles, les sacaría una foto. La enmarcaría y la foto se transformaría en un cuadro, en uno de los tantos que tendría colgado en el pasillo del hastío. Los cuadros sería entonces amuletos, equilibristas suicidas a los que el recuerdo no oxidaría. Pero los instantes no se dejan fotografiar, se escurren entre los sentidos, casi siempre sin dejar huellas, y cuando dejan alguna es tan efímera como una pisada en la arena. A veces se dejan enjaular en mi cerebro, pero enseguida los invade un ejército de trivialidades sedientas de singularidad y entonces arrasan con ellos, los devoran sin piedad. Pareciera que estos instantes estuvieran hechos de un material desconocido, de una sustancia no compatible con las posibilidades de la experiencia humana, pero cierta anomalía permite que accidentalmente se crucen con nuestras conciencias en una considerable muestra de generosidad por parte del azar. Tuve la particular suerte de cruzarme con varios, sin depender demasiado de factores externos, lo prueba el hecho de haberlos captado tanto en la orilla de un río como en algún rincón de una gris oficina de empresa. Alguno podría razonar que su independencia externa supone una chance para generarlos intencionalmente desde la propia subjetividad. Grave error, su independencia es total y absoluta. Como máximo uno podría aspirar a coincidir en el tiempo y lugar en los que el instante se digne a aparecer, pero no hay parámetros a los que aferrarse, excepto algo tan abstracto y peligroso como la intuición, que siempre puede mandarse una broma pesada .Por si le sirviera a alguien de consejo, yo logré tomar el control en todo este embrollo acerca de los instantes cuando terminé de asimilar que es imposible controlarlos.


martes, 1 de febrero de 2011

La insoportable otredad del ser

¿Pueden convivir de manera armoniosa dos mundos distintos, casi antagónicos? ¿O indefectiblemente uno de esos mundos intentará imponerse sobre el otro? Tales interrogantes parecen sobrevolar la trama de "El hombre de al lado", película dirigida por Gastón Duprat. El argumento está basado en un conflicto doméstico entre dos vecinos. En principio parece una historia simple, y de hecho lo es en cuanto a lo que pasa. Una sucesión de hechos que le pueden pasar a cualquier persona. Lo interesante son las aristas psicológicas y sociales de los dos personajes principales (los vecinos en pugna), Leonardo y Victor, muy bien interpretados por Rafael Spregelburd y Daniel Aráoz respectivamente. Leonardo es un prestigioso diseñador industrial. Tiene éxito, guita y es exasperantemente cool. Su mujer es un genuino producto del new age palermitano que trabaja en su casa dando clases de meditación, mientras que su hija, que empieza a entrar en la adolescencia, vive pegada a su i-pod y parece casi con certeza que lo odia. Víctor, un vendedor de coches usados, acaba de mudarse a la casa de al lado, de Leonardo sólo lo separa una medianera. El conflicto comienza cuando Víctor pretende colocar una ventana justo enfrente de la casa de Leonardo para "atrapar unos rayitos de sol". Leonardo, influenciado por su mujer, le exige a Víctor que suspenda la instalación de la ventana por considerarlo una invasión a su privacidad, lo atormenta ser visto por este sujeto tan vulgar, tan grasa (como lo describe en una cena con amigos que son todavía mas cool y pelotudos que él). Víctor parece una buena persona que busca agradar, integrarse; sin embargo es un tanto pesado, molesto y tiene algunas actitudes que rozan las del psicópata. De este cóctel van surgiendo situaciones de un humor que en lugar de negro calificaría de inquietante, inquietud que irá creciendo paulatinamente con el transcurrir de la película.

Emile Benveniste decía que el "yo" carece de sentido sin un "tú". El problema comienza cuando los cimientos del propio sentido se ven amenazados por un Otro que parece haberse acercado demasiado, tanto que la última barrera es una pequeña medianera.

martes, 30 de noviembre de 2010

"Por primera vez encuentro un Gobierno que tiene los cojones de disputarle a todas las corporaciones al mismo tiempo."


Lo dijo el Indio esta mañana en el programa de Pergolini, en el marco de la presentación de su nuevo disco (El perfume de la tempestad). Agregó también que le gusta ver "una presidenta que hable de la manera que lo hace en la ONU, sin leer discursos, que no dice disparates."
Es muy ilustrativo leer la histeria del medio pelo comentador de periódicos en la revista Rolling Stone (entran los comentaristas de La Nación), que salen a descalificar al mejor artista de rock del país por una opinión que él mismo se encargó de aclarar que la hace desde el lugar de "ciudadano" y "desde un lugar de ideales y no de ideología". ¿Qué esperaban muchachos, qué el Indio opine parecido a Mariano Grondona o Morales Solá? ¿A Mirtha Legrand? Lo que más les duele a los caceroleros on line es que Solari dice lo que dice desde la total independencia, lo que les saca el lugar para el eterno verso de dice eso porque le pagan. También da mucha gracia que para descalificarlo recurran a un tema que escribió Juanse, el imitador de Pomelo.

Personalmente, me reconforta que uno de los artistas que más admiro vea en este gobierno cosas similares a las que yo percibo. Parece que tan equivocado no debo estar, pero no porque yo posea la Verdad de mi lado del mostrador, sino más bien porque esta es una muestra más de que quiénes antes del 2003 reclamaban ciertas banderas básicas para vivir en un país con un mínimo de dignidad (soberanía, memoria, justicia), vieron que el kirchnerismo las ha recogido, en menor o mayor medida, y en una muestra de honestidad intelectual lo reconocen, aún cuando reconocerlo les traiga más problemas que ventajas. Tampoco se trata de una división de Absolutos en donde de un lado está el Bien y en otro el Mal, pero está claro en cuales de los lados hay más predomino de una cosa que de otra. No es casualidad que tantos artistas reconocidos se pronuncien a favor del gobierno y que los dispositivos comunicacionales más reaccionarios estén decididamente en contra de todo lo que se escriba con K.

En fin, fijate de que lado de la mecha te encontrás.

Más allá de estos comentarios políticos, Indio se explayó sobre varios temas, desestimó tajantemente un reencuentro redondo, confirmó los cinco shows del año que viene y dejó una puerta abierta para la edición de un DVD. Al que le interese escuchar la entrevista completa (se lo recomiendo a quiénes no la hayan escuchado), se la puede bajar de acá.


martes, 23 de noviembre de 2010

Bar "El cisne"


La idea nos resultaba fascinante, un bar temático s
obre nuestro animal preferido: el cisne. Éramos fanáticos, tanto de los cisnes como de los bares. Deducíamos entonces que de la combinación de esas dos pasiones solo podía generarse un emprendimiento exitoso.
Nuestra predilección por aquel animal tenía su origen en un curso de especialización que habíamos realizado con Gabriel un año después de recibirnos de veterinarios. Recuerdo el nombre exacto de ese curso: “Cisnes, la aristocracia de los lagos”. ¡Que extraordinario resultó el mundo que descubrimos durante los dos meses que duró la especialización! Supimos, entre otras cosas, que estas aves del agua eran unos fundamentalistas de la elegancia, cuando alguno de ellos sufre una herida que le impide moverse con la prestancia habitual prefieren suicidarse, ahogándose en el fondo del lago donde habiten. Son también muy cuidadosos de la estética de sus crías, pudiendo propinarles severos picotazos a los hijos que no deambulen por el agua tal como lo dicta una tradición casi que ancestral.
La cuestión era que ni yo ni Gabriel logramos jamás trabajar con cisnes. Hacía ya cinco años que ambos trabajábamos en veterinarias de barrio y estábamos francamente hartos y frustrados con la manera en que se desarrollaban nuestras experiencias profesionales. No es que hubiésemos perdido el amor por el resto de los animales, pero todos nos parecían en extremo ordinarios al compararlos con el sofisticado mundo de los cisnes.
Era una tarde de domingo, en la casa de Gabriel, cuando decidimos que lo mejor que podíamos hacer era adentrarnos en la creación del bar temático. Luego de tomar un par de cervezas, improvisamos una tormenta de ideas y concluimos en que en el bar no podría faltar ninguno de los siguientes elementos:

- Tazas, platos, menús y servilleteros con forma de cisne.

- Un señalador de cisne macho para el baño de hombres y otro de cisne hembra para el baño de mujeres.

- Cuadros con imágenes de cisnes.

- Cisnes de porcelana, luciendo como adornos, en cada una de las mesas.

- Una pileta pelopincho para exhibir allí algunos cisnes, de manera tal que el público se deleitara como si estuviera observándolos nadar en el lago o la laguna.

- Las camareras usarían unas viseras con forma de pico, sus remeras llevarían en el frente un dibujo de la cara de nuestro animal predilecto y de sus espaldas colgarían un par de alas blancas (pensamos en que podrían estar hechas con goma espuma).

Estos detalles serían solo para comenzar. Más adelante también podríamos organizar en el bar apasionantes charlas sobre la vida social de los cisnes, su psicología, su alimentación, su exquisita anatomía…las opciones eran infinitas. Nuestra excitación iba en aumento, nos proyectábamos al futuro y aquel bar nos parecía un lugar de ensueño, irresistible para cualquiera que tuviera un mínimo de buen gusto. Coincidimos en que nunca se nos había ocurrido una idea tan buena, solo había que ponerse a trabajar y concretar nuestro sueño.

sábado, 20 de noviembre de 2010

La izquierda, el sabotaje y los gatos de cinco patas


Max Manus fue un guerrillero noruego que durante la Segunda Guerra Mundial participó de la resistencia clandestina a la ocupación nazi. Sus operaciones lo convirtieron en el más grande saboteador de la historia, porque perfeccionó el arte de hundir barcos alemanes anclados a cientos de kilómetros del frente de batalla. Por eso saboteador, porque es un enemigo que ataca desde dentro. Disfrazado de mecánico naval o remando sobre una balsa de goma, en la oscuridad de la noche, instalaba explosivos y luego los detonaba a distancia. Una película noruega del año 2008, llamada precisamente Max Manus, y en inglés Man of war, relata la vida del héroe noruego y rescata una escena muy interesante en la que el protagonista se desmorona, cosa curiosa, durante los festejos por la derrota alemana. Y es un hecho curioso porque justamente Max, el más encumbrado artífice de ese gran logro nacional, se muestra ahí brotado de angustia, sin consuelo, presa de un llanto incontrolable, ahí mismo, en el preciso momento en que toda Noruega arde de alegría por el éxito definitivo. ¿Qué le pasa a Max? Está abatido porque se pregunta qué va a hacer de su vida ahora que la guerra terminó, ahora que ya no va a sabotear. Si no hago esto, ¿qué hago? Si no soy éste, ¿quién soy?

Lo que la escena muestra es a un militante que ha por fin alcanzado el objetivo de su militancia, su anhelo, su sueño, y una vez allí experimenta en el espíritu un desgarro. Un soñador que alcanza su sueño y se derrumba. Irónicamente, lo que en teoría iba a experimentarse como una ganancia, él lo experimenta como una pérdida, enorme pérdida, muy íntima, una pérdida a nivel de la identidad, a nivel del narcisismo. (Si en ese momento a Max le daban a elegir entre esa amarga victoria y cinco años más de ocupación nazi, bueno... creo que por lo menos lo meditaba un rato).

Muchas causas humanas tienen esa dificultad al final del camino: alcanzados los objetivos, la actividad que convoca ya no tiene razón de ser y debe, por fuerza, disolverse. Y los afectados a ella deben, por fuerza, renunciar al rol que hasta ahí interpretaban, renunciar a un fragmento de la identidad, la identidad de militante, que ya no tiene razón de ser. No siempre es un evento trágico, atención: los compañeros de armas de Max renunciaron contentísimos y se fueron a festejar; pero bueno, ya se observa en la escena que para él la cosa se complicó bastante. Y es comprensible, porque cada quién encara la renuncia narcisística con los recursos de los que dispone. Quizás él no contaba con esos recursos y se hundió en la afánisis, esa abolición subjetiva en la que el sujeto se pierde, se invisibiliza, depararece, pierde la relación con los significantes a los que estaba identificado, sucumbe a la angustia.

Quizás Max amaba la identidad que había forjado mucho más que la posibilidad de expulsar a los alemanes.

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domingo, 14 de noviembre de 2010

Ochenta mil sienes ardientes que son todo el tesoro


Resulta que en un tiempo de recitales ultra sponsoreados y publicitados intensamente en cuanto medio masivo de comunicación exista, hay un artista que para convocar a más de 80.000 voluntades le sobra con el peso de su obra y leyenda. Porque el Indio Solari ya es una leyenda viviente. Y la convocatoria alcanza a personas de todos los puntos del país, también a ricoteros de países vecinos, todos habiendo recorrido cientos de kilometros para gozar de una fiesta (nunca mejor utilizado este término que para un encuentro ricotero/solarista) que encontrará su clímax en las más de dos horas del show de Indio, pero que empieza mucho antes, en una larga previa que se inicia en el momento de subirse al auto o colectivo que los llevará a Tandil y sigue en los alrededores del hipódromo donde uno va caminando y cada dos metros escucha una canción distinta de los redondos que viene desde algún auto o combi. Los improvisados puestos de chori y hamburguesas, acompañados de toneladas de cerveza y fernet. Y claro, los cánticos ya casi religiosos, destacándose el hit: ...y por eso lo sigo donde sea /soy redondo hasta que me muera. Un fenómeno social y cultural que Indio resumió echando por tierra cualquier argumentación que se atreva a formular algún sociólogo: "Ochenta mil personas en Tandil, esto no tiene explicación."

La noche arrancó con un sorpresivo homenaje a Manal, con el Indio entonando Jugo de tomate, enganchándolo con uno de esos temas inéditos que los redondos nunca grabaron en estudio: Un tal brigitte bardot. Durante el show se fueron alternando temas de los dos discos solistas solaristas (sobre todo de Porco Rex) con varias joyas redondas como Noticias de ayer..., Me matan, Limón, Fuegos de Octubre, El arte del buen comer, Héroe del whisky (con dedicatoria a Enrique Symns incluida), Yo caníbal, Toxi taxi, Rock para el negro Atila, Divina Tv Fuhrer, Vamos las bandas, El infierno está encantador, Un ángel para tu soledad, Juguetes perdidos y el clásico final con Jijiji, pero esta vez el Indio ya no pidió el pogo más grande del mundo, sino el más grande del universo. También pudimos disfrutar de otro homenaje - en este caso a Pescado Rabioso con el tema Post-crucifixión - y de otro inédito que jamás imaginé escuchar en vivo: El regreso de Mao. Todos los temas redondos son cada vez mejor versionados por los Fundamentalistas del aire acondicionado, la banda que toca con el Indio desde su debut como solista en 2004.
Un escenario con pantalla gigante de fondo, otras dos a los costados, una excelente calidad de sonido y cuatro pantallas de alta definición ubicadas a la mitad del recorrido que iba desde la entrada hasta el escenario hicieron que el show no tuviera nada que envidiarle a mega producciones internacionales. Una irrevocable prueba de que la independencia puede ser un camino arduo y difícil, pero también posible.

Mucho se ha dicho (y escrito), a veces en términos peyorativos, acerca de la llamada futbolización del rock. No sé, está claro que, como en el fútbol, tiene que haber mucho de sentimiento para que el fenómeno ricotero haya sido y sea posible. Yo a eso no le veo ni un matiz negativo, a mi dejame con esta multitud de hinchadas que forman una sola para alentar un equipo que siempre gana, gusta, golea y, sobre todo, emociona.
En los últimos acordes de Jijiji un Indio ya sin sus clásicas gafas, cantando a cara descubierta, dijo: "Les debo mi vida para siempre". Mientras, el pueblo ricotero rugía y hacía temblar Tandil, intentando eternizar un instante perfecto, un sentimiento que explota en el pecho, como si fuera angustia pero al revés. Exactamente al revés.

Cuando nos íbamos, con el cuerpo exhausto pero el alma plena, nos enteramos del nombre de la nueva creación (que ya desde el título promete ser un discazo): El perfume de la tempestad. Con el Indio, lo mejor está siempre por venir.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Héroe del sueño

Soñó un mundo
de leyes rotas
de límites utópicos.

Escribió los paisajes
los pintó de alegría
con la fuerza de su espada
que pintaba
que escribía.

Recibió admiración
variada pero condensada
en Ella como símbolo
de su mundo creado,
ideado en la vigilia
construido con ladrillos
de un material imposible.

Enfrentó a sus pesadillas
devenidas en monstruos
se rió de ellos
entonces escaparon
avergonzados,
como desnudos.

Despertó por el sol
retomó su camino
recuperado,
esperanzado.

sábado, 30 de octubre de 2010

Algunas enseñanzas del huracán Néstor.



El hombre y sus posibles

Ya lo veía el maestro de JP Feinmann en el lejano pero cercano 2003, el flaco era sartreano. El contexto le presentaba la oportunidad única de reinventarse, de darse de su propia esencia en el ejercicio de la presidencia que acababa de asumir. Porque, recordemos, para la gran mayoría se trataba de un enorme signo de interrogación, en el mejor de los casos una barrera de contención al regreso de la rata noventista. Y vaya que se reinventó, vaya si atendió el llamado a la acción que le estaba haciendo la Historia. Colmó de contenido y significado su gestión y también la de Cristina. Con el tiempo fue quedando claro que cualquiera que pretendiera cuestionarlo por su pasado (las fotos con Menem o Cavallo, YPF), se iba a encontrar con la infranqueable resistencia de los hechos concretos del presente: los juicios a los genocidas y el cuadro/símbolo de Videla descolgado, el límite a las multinacionales, la integración latinoamericana, el golpe al corazón del imperio con la negativa a formar parte del ALCA.

Se hizo haciendo, cada una de las lágrimas de los que lo lloramos son un genuino producto del conjunto de sus acciones. Fue lo que hizo.

Mística militante


Con Néstor volvió la mística. Se volvieron a leer páginas que en política parecían amarillentas para siempre, sobre todo después de la degradación del 2001. Mística, eso que la derecha jamás tuvo ni tendrá, eso que en este país pareciera ser una propiedad exclusiva del peronismo. Jamás nadie gritó “La vida por Alsogaray” o conjugó la palabra “pueblo” con los apellidos Macri o Lopez Murphy.
Las últimas jornadas de duelo, con el pueblo en la calle, con masiva presencia de la juventud, confirman el regreso de la militancia, la vuelta del compromiso popular con un proyecto que da esperanzas a personas de diferentes procedencias sociales, culturales y políticas.
La percepción de una eterna derrota había hecho que, antes de Kirchner, la militancia o la esperanza en la política, fueran delirios de una mente nostálgica. Eso cambió y parece ser un cambio que llegó para quedarse.

El odio gorila

Los aislados festejos que se hayan podido observar en Recoleta o Vicente López no son otra cosa que la confirmación de que el camino recorrido ha sido y es el correcto. Lo grave sería que eso no pasara, que a los militantes del odio Néstor les fuera indiferente, o peor, que lo vieran con cierto agrado. Lamentablemente hay que aceptar que existen quienes piensan que el país debe ser para unos pocos, que solamente una elite privilegiada merece ostentar todos los derechos. Son una minoría que siempre hay que tener en contra si se quiere cambiar, aunque sea algo, del statu quo.


Corriendo el velo


Le debemos al kirchnerismo poder disfrutar del derrumbe de falsas certezas que produjo la batalla cultural que tuvo lugar en el último tiempo. Enterarnos de que Lanata no era progre, de que las tapas de Clarín no eran la “realidad”, de los infinitos intereses que rodean a los medios de comunicación. Ahora podemos leer entre líneas cada letra, cada punto, cada coma. Se desnudaron las posiciones desde las que cada uno dice lo que dice, el que no lo vea es porque no quiere verlo.


Lo imposible sólo tarda un poco más


Una de las cosas que más voy a recordar de Néstor es su falta de respeto a los límites, al mediocre y conformista “siempre fue así”. Irrumpió como una ráfaga inesperada en el 2003 y nos rescató de la resignación, ese suicidio permanente en el que habíamos caído. Lo dado era una jaula invisible en donde nos habían encerrado los garcas de siempre, los arquitectos de la miseria organizada…hasta que llegó Néstor con la llave en la mano, pero no para abrirla él sino para enseñarnos a nosotros dónde estaba la llave y para que lado había que girarla.


Peronismo reloaded

Cuando parecía que el peronismo estaba condenado a ser tan sólo un sello de goma y una pegadiza marchita musical, apareció Néstor y le volvió a dar el contenido que los traidores le habían extirpado en la década del 90. Porque el peronismo puede ser más de izquierda o de derecha, más o menos progresista, pero lo que no puede hacer es negar sus tres banderas históricas: independencia económica, soberanía política y justicia social. Tres banderas que el kirchnerismo recuperó para el peronismo del siglo XXI, sobre las cuales deberá desarrollarse cualquier proyecto que se diga justicialista.


No te des por vencido ni aun vencido...


Levantarse de las derrotas como un Rocky Balboa de la política, redoblar la apuesta desoyendo cualquier sugerencia de la prudencia: cosas que sólo son posibles mediante la fortaleza de las convicciones y la pasión con la que vivió Néstor.

Esta es una enseñanza que procuraré no olvidar cuando asome la adversidad.


Bob Dylan - Hurricane - 1975
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